Tlayacapan
Mientras caminaba por el empedrado las campanas sonaban. No paraban. Medio hipnotizada por el repicar me encaminé hacia allá. Caminé lento. Todo el paisaje merecía un saludo.. un vivirlo; respirarlo... Tocando un árbol, saludando una flor, escuchando las aves, tomando una foto.
Quería plasmar cada momento, cada rayo de sol que se colaba tibio y amoroso. Así estaba en mi contemplación...La gente llegaba por diferentes puertas.. Se encaminaba igual de lento que yo. Creo que en cuanto pisas ese lugar debes bajar el ritmo de la vida. Las campanas aumentaron el ritmo de su repicar, los hombres bajaron sus sombreros y la música se silenció. La procesión caminaba con respeto. Era la última misa de un cuerpo presente; una fiesta de despedida con caras sombrías y cuchicheos bajo el reboso. Las mujeres llevaban flores en sus brazos excepto una que llevaba una cubeta y un ramito de hojas de pino. Hombres, mujeres y niños, todos pasaban ante ella antes de acercarse al ataúd y tomaban algo de la cubeta. Ahora me hago presente y también paso; tomó dos limónes, perforados por tres clavos de olor, y una rama de pino que lo atraviesa. Me hago a un lado, con mis limones en la mano, y observo cómo se santiguan, diciendo sus oraciones en voz baja. Ahí parada veo salir al sacerdote saludando y regando el ataúd con agua bendita, salpicando a los que están más cerca. Anuncia la entrada y cuatro hombres se apresuran a cargar el ataúd y las mujeres los siguen con sus flores en mano. Ahora caminan el resto de los hombres llevando el sombrero al lado, en símbolo de respeto, para entrar al altar de San Juan Bautista...Afuera nos quedamos un perro muy feliz y yo. Acaricié mis limones, me despedí del perro y me retiré del templo.
Ester





Ester, es este relato detallado observo cómo experimentas esa tradición y me introduzco en la escena, imaginando el escenario. ¿Qué significarán esos limones perforados con clavos? Tú le das un sentido... y me siento curiosa.
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